Corruptos
// Febrero 15th, 2009 // 1 Comment » // El Pobrecito Hablador
Estimado lector:
Me imagino que andarás como yo, sumido en un mar de incertidumbre ante la avalancha de noticias acerca de políticos corruptos, enchufismo, prevaricaciones y demás delitos que saltan a la palestra en estos días. Que si en Madrid, que si en Valencia, que si un tío con bigotes.. La que tienen liada es de órdago.
Pero a mí todo esto no me sorprende; el dinero es goloso, y ya se sabe que el poder corrompe. El cargo público ve pasar ante sí maletines cargados de fajos, rellenitos de billetes de 500 euros, y siempre hay alguno que no está de acuerdo con su sueldo, y se busca un extra. El chorizo, de igual manera que el hijo de puta, es una especie que está repartida por igual, anda por todas partes y en todos los lugares se cuela.
Lo que me sorprende de todo esto es la actitud de los que están por encima de los corruptos, los que deberían velar porque sus cargos públicos no metan la mano hasta el codo. Me sorprende esa defensa a capa y espada de la inocencia, ese echar mierda hacia los demás cuando a tu partido le llega al cuello. Y así, el chorizo se ve arropado, defendido por su jefe de filas.
Cuando, en el colegio, el maestro llamaba a los padres para protestar de la actitud de su hijo, primero te daba la galleta, y luego te preguntaba. Sabías que si el profe mandaba una notita a tu casa, estabas jodido, eso de entrada. Y luego ya se vería si eras inocente o no. Eso te hacía pensar dos veces antes de cometer alguna barrabasada entre los muros del colegio. Si en lugar de eso, mi madre le hubiera dicho al profesor que él cuando pequeño también las hacía, y que no tenía autoridad moral para regañarme, quizás me habría convertido en algo bastante peor de lo que soy ahora.
Pues en política pasa lo mismo; si supieras que a la mínima sospecha tendrías sobre tí, no solo el peso de la ley, sino el de tus superiores políticos, que serías investigado con total rigor, sin poder arroparte en las siglas de tu partido, con la única defensa de los hechos probados, quizás más de uno se lo pensaría antes de intentar hacerse rico con el dinero de los contribuyentes.
Con lo fácil que es dimitir de tu cargo, ponerte a disposición de los jueces, esperar a que se demuestre que eres inocente y volver a tu cargo limpio e impoluto. Aunque a lo mejor es que no eres tan limpio…




