Carreras de ratas
// Abril 22nd, 2009 // 1 Comment » // El Pobrecito Hablador
Buenas:
Qué grande es el mundo de la política; a pesar de que la gente cree que la política es el arte de vivir de la pasta ajena, en realidad no es más que una vocación de servicio, es una manera de entender cómo deben funcionar las cosas, cómo deben gestionarse la sociedad, la educación, el trabajo, los ingresos y los gastos… Lo mismo que hace la madre de cada uno de nosotros cuando llegaba el sueldo de papá a casa.
La política te permite conocer a grandes personas, a personillas y a personajillos. A grandes personas con grandes ideas y a otras con grandes cabezas y grandes vacíos en su interior, a personas con afán de servicio y a otras con ganas de servirse de los demás.
Aquí, en Andalucía, tenemos el castigo de unos dirigentes que pierden el culo por una silla en Madrid. A Chaves, que si hubiera sido el pianista del Titanic ni se hubiera mojado los pies, le ha faltado tiempo de dejar la Presidencia de la Junta de Andalucía para acudir a la llamada de su jefe Zapatero, sin darse cuenta que sus jefes son los andaluces que, votándolo o no, están esperando que a través de la política solucione sus problemas. Pues no; una simple llamada ha bastado para que se olvide de sus administrados y corra en brazos de la poltronilla ministerial, y tras él Gazpar Zarrías, con lágrimas en los ojos, no se sabe si de la velocidad a la que ha volado hacia Madrid o de la emoción intrínseca.
Los que tienen arte son los del PP. Se rasgan las vestiduras porque Chaves ha huido, y nadie les recuerda que Javier Arenas batió el record de velocidad humana al dejar el Parlamento Andaluz para dedicarse a la cosa ministerial. Que tiene pelotas el tema; la falta de memoria es un virus que se contrae en determinados partidos y que luego no hay manera de erradicar.
En fín, que una vez más, y ya perdí la cuenta de las que iban, los politiquillos de tres al cuarto que intentan gobernarnos vuelven a usar Andalucía de trampolín, subiendo a Madrid en hombros de los millones de andaluzas y andaluces que tenemos que sufrir su deslealtad, su cobardía y su actitud ratonil.
Felicidades, Pixie y Dixie.




