
Y es que no lo podemos remediar, es llegar un evento futbolero internacional, y este país, revuelto de culturas, se reúne frente a televisores para gritar, animar, cagarse en la madre que parió al tío de negro o al tonto que falla el penalty, joer, con la pasta que cobra como se puede fallar un penalty, hombre, a la obra lo mandaba yo.
Y se multiplican las ventas de teles de plasma, de camisetas rojas, de balones de reglamento, de pastillas contra el infarto, de periódicos deportivos... Hasta que llega ese fatídico día, entre el partido de octavos y la semifinal, en que, una vez tras otra, la Armada Invencible vuelve a caer frente a los elementos, sean yugoslavos, franceses o malayos, da igual. Es la maldición que nos pesa como una tapa de alcantarilla colgada del cuello.
Aunque, si lo piensas bien, sólo pasa en el fútbol, porque ni en baloncesto, ni en balonmano, ni en otros deportes con pelotitas más pequeñas.... a ver si va a ser por el tamaño de la pelota. Ah, no, espera, que no es tampoco de eso, porque en fútbol, los sub-17 ganan campeonatos, y los sub-21... vamos, los sub-cualquier-edad-que-se-te-ocurra... Entonces.. anda, ¿entonces de donde demonios sale eso de la maldición de cuartos? A ver si va a ser la Maldición de los Mantas; pues mira, lo mismo es eso...