
Y todo porque en Barcelona queda agua para unos meses, y el gobierno decide hacer un trasvase (pero ojo, nada de decir trasvase que está prohibido, llamémoslo llevar agua de un lado a otro a través de tuberías..)
Y claro, valencianos y murcianos dicen que sí, que muy bonito que para Barcelona sí pero para ellos no hay trasvase (niiiiiiiiiiiiño, que no digas trasvase), y que ellos también tienen sed, y que también necesitan ese agua.
Y el gobierno diciendo que no es un... bueno, que no es eso que no se puede decir, y que sólo van a llevarse el agua que no usen los regantes.
En fín, cada uno defiende su postura, ya sea partidista o no; pero al que no se le oye es al Sr. Chaves. Ese no abre su boquita a no ser que desde arriba le den permiso; y él, obediente, sumiso y demás sinónimos que se nos ocurran, pues a lo suyo. Aunque no se entiende que se quede callado, viendo como se siguen llevando el agua de la desaladora de Almería. A no ser que... no sé, lo mismo desde la última vez que pasé por allí, aquello se ha convertido en un vergel, y lo que antes era desierto, ahora son perfectos exteriores para una película basada en la guerra del Vietnam.
A todo esto, en Barcelona lloviendo a cántaros... la que está liando el hombre del tiempo.