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	<title>El Pobrecito Hablador &#187; Cuentos y otras tonterías</title>
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<title>El Pobrecito Hablador</title>
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		<title>Dolor</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Apr 2010 14:26:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Pobrecito Hablador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y otras tonterías]]></category>

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		<description><![CDATA[No soporto el dolor, en ninguna de su formas, y hago todo lo posible porque esa sensación no llegue jamás a estimular mis terminaciones nerviosas. Llevo siempre conmigo un portátil, para no cortarme nunca con el filo despiadado de un folio en blanco; mis comidas van acompañadas por analgésicos, anti-inflamatorios y cualquier medicamento que adormezca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No soporto el dolor, en ninguna de su formas, y hago todo lo posible porque esa sensación no llegue jamás a estimular mis terminaciones nerviosas.</p>
<p>Llevo siempre conmigo un portátil, para no cortarme nunca con el filo despiadado de un folio en blanco; mis comidas van acompañadas por analgésicos, anti-inflamatorios y cualquier medicamento que adormezca la más ínfoma sensación dolorosa.</p>
<p>Las esquinas de mi casa están redondeadas, para prevenir golpes infaustos; evidentemente, no tengo piercings, tatuajes o pendientes. Me cepillo los dientes seis veces al día, para evitar la torturadora aguja del dentista, amtes de empastarme una caries.</p>
<p>No monto en bicicleta, moto o coche; mis paseos los doy a pie, y soy enemigo de los viajes, puesto que son ocasiones en las que estoy totalmente a merced del azar, y éste se predispone siempre en mi contra, buscando el momento y el lugar propicio para que me retuerza de dolor.</p>
<p>Por eso, tán solo un par de horas después de conocerla, apreté con fuerza su cuello hasta que dejó de respirar; estaba seguro que esos ojos negros terminarían partiéndome el corazón.</p>
<p>Lo mejor de todo es que no me dolió nada.</p>
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		<title>Carta de reclamación</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 17:56:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Pobrecito Hablador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y otras tonterías]]></category>

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		<description><![CDATA[Estimado Sr. Cupido: Espero que cuando reciba esta carta se encuentre en perfectas condiciones físicas. Por aquí bien, gracias, aunque un poco molesto con usted, todo hay que decirlo. Y ahora le explico el por qué. Mi primera novia, Margarita del Niño Jesús, era la niña más guapa del quinto curso. Todos mis compañeros me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado Sr. Cupido:</p>
<p>Espero que cuando reciba esta carta se encuentre en perfectas condiciones físicas. Por aquí bien, gracias, aunque un poco molesto con usted, todo hay que decirlo. Y ahora le explico el por qué.</p>
<p>Mi primera novia, Margarita del Niño Jesús, era la niña más guapa del quinto curso. Todos mis compañeros me tenían envidia, lo que me costó aterrizar más de una vez en la fuente que había en la plaza, o caer rodando por las escaleras del colegio, víctima de una zancadilla más propia de un defensa central de Tercera que de un tierno y amable niño de colegio de curas. Pero claro, no todo iba a ser perfecto. Tanto Margarita del Niño Jesús como yo teníamos el mismo problema: exceso de libertad en el crecimiento de los dientes; por eso, los dos teníamos en la boca más metal que en un alto horno vizcaino. Así que el día que decidí lanzarme en plan piloto kamikaze a darle un beso en la boca, de la misma forma que había visto la noche anterior en una película de la tele, nos quedamos los dos enganchados, y fue necesaria la intervención de los bomberos para separar nuestros morros. A partir de ese día, nuestros caminos y nuestras bocas se separaron para siempre. Desde luego, aquel fue el beso más largo que he dado jamás.</p>
<p>Después llegó Amparito, ya en el Instituto. Era monísima, y tenía tantas curvas que uno no sabía si estaba dibujando su contorno o el trazado de un circuito de carreras. Me tenía revolucionado; las hormonas me salían por las orejas cada vez que ella se sentaba a mi lado y notaba como respiraba junto a mi cuello. Pero claro, no todo iba a ser perfecto. Cada vez que mis manos volaban bajo su jersey, o mis dedos se aventuraban por los dobladillos de su falda, Amparito empezaba a retorcerse, no de placer, que más quisiera yo, sino de cosquillas. Una noche que me quedé a estudiar con ella en su casa, tuve la feliz ocurrencia de intentar cogerle el culo, y claro, empezó a reír, y a reír, y el padre la oyó, y entró al cuarto, y allí estaba yo, con la mano en el cuerpo del delito, y tuve que salir por piernas, y bajar las trece plantas del bloque a oscuras, dándome con los talones en el cogote. A partir de entonces no hubo más risas con Amparito. Desde luego, aquel fue el día en que más rápido he corrido.</p>
<p>A continuación apareció Vanessa Jéssica, Cuqui para los amigos. Yo ya estaba estudiando en la universidad, bueno, más bien matriculado, porque aparecer por clase, aparecía poco. Cuqui era una niña bien, guapetona, delgadita, de ojos claros, con el pelo de peluquería todos los días, vamos, una de esas chicas que todas las frases las terminan con “¿o sea, no?” o “mola que te cagas”. Pero bueno, que le vamos a hacer, a mí me gustaba, y eso era lo importante. Me invitaba a las fiestas de su familia, gente estirada,  como los acusados de blasfemia por la Santa Inquisición; allí me codeaba con lo más granado de la sociedad, y más de una vez, mi cara de pardillo apareció en las páginas de las revistas cardiacas, bueno, media cara quizás. Pero claro, no todo iba a ser perfecto; a pesar de que Cuqui era un ciclón en la cama, eran necesario varios ciclones más para que el aire de la habitación en la que nos encontrábamos fuera respirable. La chica era limpia, más que limpia, repulida; pero lo suyo no era normal. Nada más levantar el brazo,  quitarse los zapatos, o desprenderse de  las medias, uno podía ahorrarse mil pesetas de peluquería, porque obtenías una decoloración de pelo gratis. Un fin de semana nos fuimos a esquiar a la sierra, que eso es muy in, y allí estábamos los dos, en nuestro apartamento, con nuestra chimenea encendida y entre sabanas de raso blanco. Yo, experto ya en toda clase de vicisitudes, tuve la prudencia de dejar las ventanas del dormitorio abiertas. A pesar del relente que entraba por la ventana, la cosa se fue caldeando, y pasamos de los besos a las caricias; fui bajando poco a poco, hasta que me perdí  debajo de las sábanas. Y claro, para poder seguir avanzando, empecé a aguantar la respiración mientras continuaba descendiendo. Llegó el momento en que los pulmones me iban a reventar, me faltaba el aire y, por supuesto, tuve que respirar. Fue empezar a tragar aire y devolver mi estómago la fantástica cena que había tomado apenas hora y media antes. Y ahí terminó la sesión de submarinismo de alcoba. Desde luego, ese fue el día que más tiempo he estado sin respirar.</p>
<p>Y eso es todo. Así que, Sr. Cupido,  le hago una advertencia, o le pido un favor, según usted prefiera. La próxima vez que beba, se fume alguna hierba prohibida e ilegal, o decida jugar a la ruleta rusa con los humanos, haga el favor de mirar, y si estoy cerca, se lo pido de rodillas, espere unos minutos para que desaparezca de su campo de tiro. Porque estoy hasta  las ingles de su falta de puntería; si algún día se cruza en mi camino, juro por Dios que se va a tragar el arco, y le introduciré una a una las flechas por su angelical trasero, y con las plumas de sus alitas me haré un fabuloso edredón.</p>
<p>Sin más que reclamar, y esperando que mis peticiones sean oídas, se despide atentamente</p>
<p>Un desenamorado.</p>
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		<title>Carta a Mariloli</title>
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		<pubDate>Sun, 31 May 2009 16:08:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y otras tonterías]]></category>

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		<description><![CDATA[Querida Mariloli: Espero que cuando te lleguen estas letras te encuentres mejor y te estés recuperando de ese inesperado accidente que nos separó (afortunadamente). Yo bien, gracias, también me voy recuperando poco a poco. Gracias a Dios, las enfermeras son unas (torturadoras) estupendas profesionales y los médicos siempre andan ( locos por bajarles las bragas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Querida Mariloli:</p>
<p>Espero que cuando te lleguen estas letras te encuentres mejor y te estés recuperando de ese inesperado accidente que nos separó (<strong>afortunadamente</strong>). Yo bien, gracias, también me voy recuperando poco a poco. Gracias a Dios, las enfermeras son unas (<strong>torturadoras</strong>) estupendas profesionales y los médicos siempre andan ( <strong>locos por bajarles las bragas a las enfermeras</strong>) preocupados por mi estado e intentando (matarme) satisfacer mis deseos.<br />
Aquí, tirado en la cama, tengo mucho tiempo para pensar, y recordar el (<strong>infausto y negro</strong>) hermoso día en que (<strong>me atrapaste en tus redes</strong>) nos encontramos. Era una preciosa tarde de verano; yo estaba sentado en la terraza de aquel bar, tomándome un (<strong>whisky doble</strong>) capuchino, y tú te sentaste en la mesa de al lado. No pude evitar que mi mirada se clavara en tus (<strong>muslos</strong>) ojos. Recuerdo que pasé un buen rato acariciando (<strong>tus pechos</strong>) tu pelo con mis ojos. Decidido a todo, me levanté de mi silla y me acerqué a ti para invitarte a tomar algo. Tú <strong>(te negaste en redondo</strong>) aceptaste, dedicándome (<strong>un corte de mangas</strong>) la más dulce de las sonrisas. Mientras permanecimos allí sentados, no paraste de (<strong>insultarme</strong>) hablar de tu vida, de (<strong>pegarme patadas en la espinilla</strong>) preguntarme sobre mis cosas… Yo te observaba ensimismado, intentando adivinar que se ocultaba tras aquella (<strong>blusa</strong>) mirada cautivadora. Intentaste llamar la atención del (<strong>policía de la esquina</strong>) camarero, pero un (<strong>depravado</strong>) caballero como yo no podía permitir que pagaras.<br />
Nos levantamos de la mesa y me pediste que te (<strong>dejara en paz de una puñetera vez</strong>) acompañara a casa. Eso me (<strong>excitó</strong>) halagó, puesto que no soy muy agraciado físicamente, y en muy pocas ocasiones puedo (<strong>atosigar</strong>) acompañar a una hermosa mujer como tú. Me agarraste del brazo (<strong>te agarré del brazo</strong>), y así (<strong>te arrastré</strong>) paseamos hasta tu casa; estabas nerviosa, y lo notaba en (<strong>tus constantes tirones</strong>) tu mirada, en la rapidez de tus pasos, en lo acelerado de tu pulso. Y yo también lo estaba; lo notaste en el (<strong>bulto de mi pantalón</strong>) sudor que comenzaba a aparecer en mi frente. Ya ante tu portal, pensé que sólo querías que te acompañara hasta allí, y por eso (<strong>te empujé contra la pared del portal</strong>) me despedí de ti, pero me dijiste que (<strong>por favor, déjame, por favor</strong>) si no quería tomarme una copa. Gratamente sorprendido, accedí, y seguí tus pasos hasta la puerta de la casa, donde te volviste y (me arañaste la cara como una puñetera gata rabiosa) me dedicaste una preciosa sonrisa.<br />
Pasamos (<strong>te empujé</strong>) al pasillo, encendiste la luz (<strong>encendí la luz</strong>) y (<strong>puse mi navaja en tu cuello</strong>) me dijiste que me sentara en el sofá, que querías ponerte cómoda. Allí sentado (<strong>te arranqué la ropa y la hice jirones</strong>) esperé a que volvieras (<strong>te tiré sobre el sofá</strong>), con una ropa más cómoda y con dos vasos de whysky en las manos (<strong>atando tus manos a la espalda</strong>).<br />
La velada fue fantástica; hablamos (<strong>te violé</strong>) durante horas (<strong>durante horas</strong>), cruzándonos (<strong>hostias, insultos, arañazos</strong>) miles de sonrisas, hasta que (<strong>soltaste tus manos de la espalda</strong>) me dijiste que si me apetecía bailar. Yo accedí encantado, y me levanté para (<strong>esquivar el candelabro del aparador</strong>) agarrarme a tu cintura, y así (<strong>empujarte contra la mesa del salón</strong>) bailar, mejilla con mejilla. Pero claro, no todo iba a ser perfecto; según parece, alguno de tus vecinos no es muy (<strong>inteligente y discreto</strong>) amante de la música, y avisó (<strong>a la policía, a la guardia civil y al ejército</strong>) al portero, quejándose de (<strong>los golpes, los alaridos y los gritos de socorro</strong>) nuestra pequeña sesión de baile. Así que, en cuestión de unos minutos, (<strong>la policía</strong>) el portero empezó a (<strong>aporrear</strong>) llamar a la puerta, interrumpiéndonos. La verdad, su educación deja mucho que desear, porque nada más abrir la puerta (<strong>sacaron las porras</strong>) empezó a gritarnos, y no pude más que (<strong>ponerte la navaja en el cuello</strong>) decirle que se calmara, y añadí que (<strong>te rajaba</strong>) la pondríamos más baja, si era eso lo que deseaba (<strong>si no me dejaban salir</strong>).<br />
Tú estabas (<strong>amoratada y desnuda</strong>) un poco violenta, porque no te esperabas esa reacción del portero, así que decidí que lo mejor era (<strong>salir de allí pitando</strong>) dejarlo todo tal y como estaba, e irme de allí. Pero él (<strong>ellos</strong>) no cejaba en su empeño, y uno que es muy hombre (<strong>intenté zafarme de todos</strong>) no pude resistir más sus (<strong>sus golpes y patadas</strong>) provocaciones, lo que nos llevó a una tremenda (<strong>paliza</strong>) pelea, que me ha dejado en este estado en el que me encuentro. Todo pasó tan rápido que a veces creo que es un sueño (<strong>pesadilla</strong>); no pude (<strong>rematar la faena contigo</strong>) despedirme de ti, pero espero que esta carta sirva para eso.<br />
Bueno, eso es todo (<strong>vete preparando</strong>); espero que nos volvamos a ver (<strong>no dudes que te buscaré</strong>) en un lugar en el que no nos molesten (<strong>en un descampado solitario junto al vertedero</strong>), como un pequeño bar, para terminar nuestras conversación (<strong>y dejarte tirada en medio del campo</strong>) y nuestro baile.<br />
Tuyo afectísimo, Manolo.</p>
<p style="text-align: center;">
P.D : Si quieres escribirme (<strong>escribirnos</strong>), te adjunto la dirección a la que puedes hacerlo<br />
Manuel Pérez (<strong>Juan López</strong>) (<strong>Paco Gámez</strong>) (<strong>Antonio Gutiérrez</strong>)<br />
Hospital Psiquiátrico de Tordesillas<br />
Pabellón de Personalidades Múltiples</p>
<p><!--[endif]--></p>
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		<title>Cuatro cuentos cortitos cortitos&#8230;</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Apr 2009 16:52:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>El Pobrecito Hablador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos y otras tonterías]]></category>

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		<description><![CDATA[La maté por un yogur.- Todo el mundo tiene una motivación por la que matar: defender a los suyos, la venganza, una bandera&#8230; La mía es la necesidad, la pura y simple necesidad. Quizás pensarás que puse el listón demasiado bajo, pero cada uno lo pone donde le da la gana. Por eso, cuando la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>La maté por un yogur.-</strong></p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Todo el mundo tiene una motivación por la que matar: defender a los suyos, la venganza, una bandera&#8230; La mía es la necesidad, la pura y simple necesidad. Quizás pensarás que puse el listón demasiado bajo, pero cada uno lo pone donde le da la gana.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Por eso, cuando la vi sentada en aquel banco del parque no pude evitarlo. Se regodeaba, comiendo a pequeñas cucharadas aquel yogur blanco, brillante como la sonrisa de un pijo en una pista de nieve artificial. Y la maté por necesidad; terminé lamiendo la tapa de aluminio, la cuchara de plástico, el interior del recipiente, hasta la comisura de sus labios, fríos y pálidos. Al final, esta maldita diabetes me terminará costando un disgusto.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
</blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>Bequer.-</strong></p>
<blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm;">¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul, mientras desayuno, almuerzo o ceno, mientras friego los platos, al ducharme, al afeitarme, mientras tapo con pequeñas tiras de papel higiénico los cortes de mi cara, al levantarme, al acostarme, mientras intento conciliar el sueño, con la cabeza escondida bajo la almohada, mientras intento ver el partido del miércoles, del sábado o el domingo, por teléfono, por email, por mensajitos del móvil, por fax&#8230;</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">¿Qué es poesía? Dices mientras caes por el balcón. ¿Y tú me lo preguntas?</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
</blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>Falta de comunicación.-</strong></p>
<blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm;">- Bájese de ahí &#8211;  me gritó el psicólogo de la policía, &#8211; bájese y hablemos con tranquilidad.- Y no hice más que hacerle caso; no tengo culpa de que no se explicara con claridad, y que no especificara por cual lado de la ventana quería que me bajara.</p>
<p style="margin-bottom: 0cm;">
</blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm;"><strong>A buenas horas.-</strong></p>
<blockquote>
<p style="margin-bottom: 0cm;">Nunca se me dio bien la Física; jamás pude encontrar el puñetero punto en el que se cruzaban el tren que volvía de Barcelona con el que salió de Valladolid una hora antes. Por eso me sorprendí cuando, súbitamente, comprendí por qué vi el fogonazo salir del cañón de la pistola antes de que el estruendoso bang resonara en mis oídos muertos.</p>
</blockquote>
]]></content:encoded>
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