Un monólogo

// Agosto 22nd, 2009 // El Pobrecito Hablador

Buenas tardes:

Dicen los que me conocen que, por mi forma de ser y de hablar, no estaría mal que algún día me lanzara al mundo de los monologuistas, que en este tipo de espectáculos tendría un hueco que llenar. Y hombre, uno siempre se presta a rellenar los huecos que…

¿Por dónde iba? Ah, sí, los monólogos… Se tienen que basar en las experiencias de cada uno, dándole tu punto de vista particular. No sé, por ejemplo, se puede hablar en ellos de sexo, de las relaciones de pareja, de las mujeres…

Lo de las mujeres es un tema bastante particular; aún no han comprendido que pensamos distinto y que nuestras reacciones son totalmente distintas. Nos tachan de machistas por no echarles  una mano, perdón, compartir las tareas del hogar. Y todo motivado porque aún no se han dado cuenta de que los electrodomésticos están hechos para mujeres.

Por ejemplo, échenle un ojo a una lavadora. ¿Está pensada y diseñada para hombres? Desde luego que no; si así fuera, tendrían un solo botón, podrían comprarse con los colores de tu equipo de fútbol y vendrían de fábrica con equipo de música. Pero no, las diseñan con cientos de botones, con selector de tejido… ¿Pero es que hay algún hombre que sepa de qué están hechos sus gayumbos?

Por no hablar de las dificultades intrínsecas de poner una lavadora. A ver, que alguien me explique por qué demonios una toalla azul es ropa blanca. O cómo se averigua si una camisa es ropa delicada… ¿Observándola a la hora de comer? Ays no, esto no me gusta, es que soy muy delicada… Que no, que es muy complicado.

Cuando empiezas a vivir en pareja, y vas a reuniones sociales de cualquier tipo, empiezan los comentarios insidiosos. Ya sabes, esos del tipo “¿Para cuándo el niño? Ya verás que bien, te cambian la vida, es maravilloso…” Joder, claro que te cambian la vida, como ir a  ver al proctólogo, pero no vas por ahí haciéndole propaganda al tema: “Oye, ¿para cuándo te vas a hacer la revisión de la próstata? Ya verás que bien cuando te meta  el dedo por el culo, te cambia la vida…” Que no hombre, que no , que así no me vendes la moto.

Cuando no tienes hijos y quedas para salir, en lo único en que te preocupas es en si te has echado el tabaco al bolsillo; pero si tienes un niño… Que si el carrito, la silla para el coche, el calientabiberones, el potito, el sacaleches… Joder con el sacaleches, que así dicho de buenas a primeras pensaba que lo vendían en los sex-shops…

En fín, las relaciones humanas, que son un universo infinito e inexcrutable. Otro día quizás hable de las mujeres. Quien sabe.

2 Responses to “Un monólogo”

  1. Ota dice:

    muy bueno

  2. El Pobrecito Hablador dice:

    Gracias Ota…

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